Ayer volví a soñar contigo. Si lo
intento recordar, ni siquiera puedo evocar tu cara. Pero sé que eras tú, como
un instinto, como se reconocen las propias cicatrices al tacto, como avisa el
cuerpo cuando se tiene hambre o sueño.
Te acercabas a mí con esa media
sonrisa tuya, que me gustaba tanto como me provocaba desazón: la amargura de
saber que la parte incompleta de tu expresión yo nunca la podría rellenar.
En otro tiempo, soñaba que te
pegaba. Te cogía de la camiseta, te tiraba del brazo, te abofeteaba. Ahora, la
ira se ha transformado en culpa y en nostalgia.
Anoche nos escapábamos juntos.
Los dos dejábamos, no sin cierto remordimiento, nuestras vidas atrás. Cogimos
un avión a un lugar lejano, daba igual, calles de Nueva York, hoteles japoneses,
aparecíamos sin lógica en cualquier parte, porque en el fondo no importaba
dónde sino con quién.
Todo sucedía como en una
película. Podía contemplar la escena de lejos, como una espectadora más. Yo
avanzaba la mano hacia tu rostro, tocando la piel, las líneas que tantas veces
he recorrido en noches de insomnio voluntario, como si quisiera memorizarlas,
quizás porque intuía que no tardaría en borrarse aquella intimidad cosechada
entre tus sábanas.
Te acercaste a mis labios.
Todavía siento el calor de aquellos besos, el cosquilleo que subía desde mi estómago
y recorría mi garganta, igual que al saltar desde cierta altura o justo antes
de una vuelta en la montaña rusa. La emoción parecía que iba a desbordarme, en
forma de risa o de lágrimas.
La fuerza de un imán nos unía; no
éramos dos, sino un conjunto infinito, una prolongación de nosotros mismos, un
círculo.
Pero me desperté. Como hojas que
con el viento se cuelan en una casa abierta, la realidad de iba filtrando en mi
sueño y me recordaba que tú no eras tú, y yo no era yo. Ahora, me reprendo por
tenerte en ese mundo paralelo de lo onírico, porque siento que, de algún modo,
he construido un pequeño rincón en mi subconsciente. Allí convives con todo lo
frustrado, lo evitado, junto con los reproches contenidos y lo perdonado, pero
no olvidado.
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