lunes, 10 de marzo de 2014

Pinoccio- Gepetto

PINOCCIO

por Geppetto


- Entonces… ¿esta soy yo?
- ¡¡Tachán!!.  Así es.
- Bueno, técnicamente…, así es como deberías de haber sido.
- Me queda horrible esta ropa. Casi diría que no es mi cuerpo. Que no me pertenece…
- Quítatela. Total… nadie te ve.
- Vosotros me veis. Pero no creas que no me dan ganas.
- Pues hija, nos damos la vuelta y te quedas tú y tu reflejo en el espejo, cara a cara.
- No te queda mal, mujer. Un poco ancha. Eso es todo.
- Tomate tu tiempo. Todos hacemos lo mismo cuando nos sucede esto por primera vez.
- Era una niña la última vez que me vi de pies, pero…
- ¿Pero…?
- Cuanto tiempo podré estar así… como soy… bueno… en “realidad”.


- No lo sé. Nadie lo sabe.
- ¿Cómo “en realidad”? Esto no es real, preciosa. Tú sigues siendo un “muñeco de madera”. No lo olvides. Por mucho que ahora creas que eres de “Carne y hueso”
- Déjala en paz, ¿quieres? Hasta ahora, como te he comentado el “encantamiento” dura hasta las en punto como si fuera una sesión más de terapia. En ese momento volvemos a nuestro estado… “habitual”. Y el resto de usuarios y de fisios que ahora ves petrificados recobran vida como si nada hubiese pasado.
- ¿Pero cómo?¿No nos oyen?¿No respiran? ¿por qué se ha detenido el  tiempo así, por qué se ha convertido todo el mundo en maniquíes?¿Y nosotros…?¿Por qué no?¿Por qué de repente…?
- Andamos, y nos ponemos de pie y podemos dar volteretas… Creo que hay un premio para el que lo adivine. Tú puedes ser la ganadora.
- No lo sabemos.  Sabemos que ocurre sólo cuando esta Ada de terapeuta, y con este puzle de Pinocchio…
  Al poner la última pieza del puzle, se desencadena todo esto. El mundo se detiene. Y sólo los que nos quedamos al margen, por unos minutos, recuperamos  la salud. Al menos la física…
- Touché.
- ¿Habéis salido del gimnasio?
- ¡Quieta! Noooo toooques… la puerta. Gracias. Regla número uno. Bienvenida a la ley de lo absurdo. Porque lo absurdo también tiene sus reglas ¿sabes?
- Sí, lo hemos intentado, pero en el mismo instante en que giramos el manillar, pasa la hora de terapia  en un instante y se termina el hechizo.
- Entonces ¿estamos atrapados?
- Bueno…, ¿y quién no?
- Tampoco se puede tocar a ninguna de las personas que están “congeladas”.
- ¿Tocar…?
- Quiere decir… besar.
- ¿Tienes que contarlo todo?
- ¿Besar…? ¿A quién has besado?
- A su Bella Durmiente. ¿A quién si no?
- ¿Has besado a Ada…?
- Cadabra… sí señora…
- Cómo te odio cuando dices tantas chorradas.
- Peace and love, my friend.
- Y ¿por qué sabías que era a ella a quién besé?
- Bueno… sólo hay que ver cómo la miras… supongo. Y… ¿alguna otra cosa que no podamos hacer…?
- No, que sepamos de momento.
- ¡Veinticinco minutos para la cuenta atrás…!
- ¡Veinticinco minutos!
- ¿A que hoy si se te está pasando rápido la hora de rehabilitación…?
- No quiero volver a la silla. Esto es una locura.
- Tranquilízate. Hoy es tu primer día y es difícil asimilar todo esto de repente. Pero no tiene por qué ser la última vez que suceda. Confiamos en…
- Pero ¿quién me lo asegura?. Necesito tiempo. ¡¡Mírame. Estoy andando!!.
- Y llorando... A todos nos pasa la primera vez.
- ¿Cómo me podéis decir que en veinte minutos voy a volver a quedarme…?
- ¿Qué te puedo decir?...Piensa que hace media hora hubieses dado media vida por poder sentir esto que estás sintiendo ahora aunque fueses por cinco minutos. No sabemos qué clase de broma es esta, por qué está pasando lo que está pasando, pero…podríamos decir que somos afortunados por estar aquí y ahora… ¿No?
- Bueno…puede que tengas razón. Sin embargo necesito…
- ¿Qué?
- No sé.
- Que te abracen.
- Sí, eso es. ¿Cómo lo sabes? Que me abracen. Creerme que esto está pasando de verdad.
- A todos nos pasa…
- Pues… yo mismo me ofrezco como...
- ¿Tú? Ni lo sueñes.
- Pues si esperas que te abrace él… Él sólo tiene ojos para…
- ¿Yo?. Claro que sí. ¿Por qué no?.
- ¿No te importa?
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- Entonces… un abrazo es esto… Casi mejor de lo que lo recordaba.
- No exageres. Hablas como si en silla no se pudiese abrazar y ser abrazado.
- Un poquito más fuerte, por favor… Sí, en silla también. Pero no es lo mismo.
- Lleváis ya un buen ratito, tortolitos. Luego no os olvidéis de que me toca a mí.
- ¿En qué piensas? En ella…, claro.
- No. En nada. En lo absurdo de todo esto. Bueno, sí, y en ella… también.
- ¿Nunca le has comentado nada?
- No hay nada que comentar.
- ¡Quince minutos… para el aterrizaje!
- Madre mía. ¡No! No te separes de mí. Por favor.
- Como quieras…
- ¿Cómo que no hay nada que comentar?
- Hay que ser… realista. Supongo…
- ¿Sabes? a veces pienso que estar en silla es una escusa tan buena para tantas cosas…
- O simplemente acabas aprendiendo a saber cuándo conformarte.
- Así solucionas las cosas, ¿aprendiendo a conformarte?
- Da igual. Por cierto, ¿Cómo te encuentras?
- Mejor.
- Llevamos diez minutos abrazados…
- ¡Es verdad! Lo siento.
- No, si yo encantado. Es simplemente que teniendo tan poco tiempo para hacer tantas cosas… Luego te arrepentirás de haberlos empleado en un mero abrazo.
- ¿Qué dices? Es precisamente este abrazo lo que me llevo de bueno de todo esto. Gracias.
- Bueno ¡por fin se despegan las lapas!. Y ahora lo prometido…mi abrazo.
- Anda pulpo, ven aquí. Toma, tu abrazo. Y un beso de buenas noches. Mua, mua.
- ¿Eso es todo?
- ¿Te parece poco?
- Debes saber que los pulpos somos unos animales más sensibles de lo que la gente cree…
- Vale, vale, lo que tú digas… Oye,  ¿y si paramos el reloj? Si le quitamos las pilas… para que se detenga el tiempo…
- También lo hemos probado...
- Si al menos pudiésemos ganar un poquito de tiempo para poder pensar más sosegadamente… ¿Tenéis alguna explicación de por qué pasa todo esto?
- ¡Bueno! todas las que quieras…
- ¿Ah, sí? Pues empieza.
- A ver, la primera…, estamos, los aquí presentes, muertos , y en otra dimensión espacio-tiempo, y por eso ellos no nos pueden ver. Y en realidad sí se mueven, lo único es que lo hacen tan despacio respecto a nuestro frenesí espiritual que a nosotros nos parecen que están congelados…
- Vale, vale,…, no me cuentes películas. Siguiente explicación…
- A ver. Otra. Pues… por algún extraño efecto físico-nano-cuántico se interconectan situaciones paralelas debido a lo cual cuando se termina de reordenar una estructura, en este caso un puzle, se transfiere esa inercia organizativa a un nivel superior. Por consiguiente, el gimnasio pasa a ser una caja de puzle y todos nosotros somos piezas… entre las cuales sólo quedamos nosotros por ser ubicadas… ¿Lo pillas?
- ¿Piezas?
- Sí.
- ¿De un puzle?
- Eso es.
- Madre mía… no quiero saber qué tomas para desayunar… Otra explicación por favor. Que se nos agota el tiempo y quedan ya… ¡menos de 10 minutos!
- ¿Otra explicación…? Pues…
- Lo único que tenemos en claro es este puzle y a Ada, por lo que deben ser ambas nuestro punto de partida para cualquier hipótesis.
- Es cómo si lo que pasase en su cabeza, lo que experimenta, de algún modo lo estuviésemos percibiendo nosotros en primera persona.
- Sí, como si estuviese retransmitiendo sus pensamientos…
- O como si fuésemos personajes dentro de un sueño que ella está teniendo. Pero del cual somos conscientes y contamos con nuestra propia autonomía
- ¡Qué complicado es todo esto! ¿Entonces, lo que ocurre es que ella nos está “soñando” en estos momentos, y de algún modo ha entrado en conexión con las personas que aparecen en su sueño…?
- Sí, algo así. Y nosotros a su vez estamos experimentando en nuestro cuerpo lo que ella está soñando.
- Y cuando den las en punto, se despertará, en su habitación, se desperezará y dirá eso de “¡vaya! qué sueño tan raro he tenido”. ¿Y ya está? ¿Eso es todo?
- Bueno. Quizá el mayor error es pretender encontrar explicación a algo que no lo tiene.
- ¿Has probado a hablarle al oído? ¿Quizá nos escuche, como dicen que escucha la gente cuando está en coma?
- Alguna vez me he acercado y la he llamado por su nombre. Y la he gritado al oído a ver si despertaba.
- Si pudiésemos comunicarnos con ella. Al fin y al cabo, si aparecemos en su sueño, estamos dentro de su cabeza…
- No es justo.
- ¿El qué?
- Somos invisibles cuando estamos en silla para la gran mayoría de las personas, y ahora que nos liberamos de la silla volvemos a ser invisibles para los demás.
- Bueno, somos invisibles porque así lo queremos muchas veces…
- Yo no puedo pasarme el día haciendo aspavientos para que la gente vea que estoy aquí. Y que necesito las mismas cosas que todo el mundo. Que no quiero entrar a todos los sitios por la puerta de atrás para esquivar los escalones que ellos ponen, que no quiero un trato diferente, y…
- Para, para el carro. ¿De qué estás hablando?
- De nada. Discúlpame.
- ¿Tiene que ver con Ada? ¿Piensas que no es capaz de ver lo que sientes por ella porque también para ella eres invisible?
- Eso sí que no es justo, porque si hay alguien que te ve tal y como eres es ella. Otra cosa es que hayas decidido volverte invisible, enjaulado en tu silla, para quejarte ahora de que ella no te ve.
- ¿Y qué debería hacer entonces?
- Hablar con ella.
- ¿Cómo? Te crees que no lo he intentado. Además, me gustaría poder hacerlo así. Tal y como estoy ahora. De tú a tú. Igual que lo estoy haciendo contigo.
- ¡Ya lo tengo!
- ¿El qué?
- Toma mi móvil. Ya he marcado…
- ¿a quién? ¿A Ada? ¿¡La estás llamando!?
- Pero ponte el auricular en el oído.
- Y de verdad piensas que va a contestar…
- ¡Qué haces! ¿Por qué cuelgas?
- ¡Cinco minutos… para la cuenta atrás!
- ¡Ha contestado! ¡Era ella! ¡Era su voz!
- Entonces ¿por qué has colgado?
- ¿Y qué quieres que la diga?
- Pues todo lo que la tengas que decir.
- Pero si ella está aquí enfrente, congelada. ¿Cómo va a contestar al teléfono? ¿Puede haber algo más absurdo…?
- Yo creo que a estas alturas hace mucho que superamos el umbral de lo absurdo para seguir haciéndose preguntas como esa. Querías hablar con ella, y ahí la tienes. Tal y cómo querías. Siendo como tú eres ahora. O como dices que quieres ser…
- La gente se olvida de que lo peor que tienen los deseos es que a veces se cumplen…
- No puedo.
- Sí puedes.
- ¡Está sonando el teléfono! Está respondiendo a la llamada…
- Cógelo.
- No puedo.
- ¡Cógelo!
- Chicos de acaba el tiempo. Vayan volviendo a sus asientos y abróchense los cinturones…
- Cógelo. Este es el momento. El momento que estabas esperando.
- ¿¡Qué digo!?

  Hola… Sí, soy yo… Verás… Quería hablar contigo…

- ¿Ahora?
- Bueno, cuando te venga bien.
- No me gusta que hables por el móvil en terapia… Venga id saliendo todos que espera el siguiente turno… ¿Sólo has hecho este puzle en toda la hora? Pero…¿has visto como vas sentado? Haz el favor se sentarte bien. Mira que te lo digo veces. Por cierto he tenido un sueño contigo de lo más extraño… Luego te lo cuento. ¿Tiene que ser ahora? Es que me pillas liadísima. Bueno, venga, dime, sólo un minuto ¿eh?. ¿De qué quieres hablar?...











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