martes, 1 de julio de 2014

Palabrario reminiscencia- Esjara

Palabrario, s.m: colección de palabras secas y clasificadas que se usa como material para la morfología (estudio de las palabras).  Según los expertos en la materia, el mejor método para secar las palabras es el de dejarlas secar al sol. A su vez, no recomiendan el de dejarlas secar entre pliegues de papel periódico, puesto que la tinta puede llegar a correrse. A continuación un ejemplo, se recomienda leer el cuento en voz alta y escuchar las melodías que se indiquen. A continuación Reminiscencia:
Reminiscencia, f (del lat. reminiscentĭa): efecto o fenómeno que nos hace recordar aquello que se encuentra en el pasado a partir de algún elemento o situación particular como un objeto, una imagen, un aroma que funciona como referencia.



Ella caminaba entre calles, calles estrechas, calles que huelen a especias en Santa María la blanca, calles empinadas que a veces no tienen salida, verdaderos dédalos con minotauros moros y cristianos.
El 29 de Julio abrí mi tarrito por primera vez, un frasco de cristal como esos que guardan barcos en su interior, que mi puño apenas alcanza a encerrar, respiro por primera vez el olor de los Olivos andaluces y entre altos edificios él, mi frasco, se perdió entre dédalos y minotauros, se asustó hasta que se topó con un [1]panadero a las 3:46, un panadero como Diego que dice que para encontrarse hay que perderse.
En la esquina veo a Diego con esa manera suya tan peculiar de caminar, con el torso inclinado hacia adelante, como si su pecho quisiera huir de sus piernas. Cada ventana con su balcón, cada balcón con su historia. En mí, ella encierra todos sus flamencos recuerdos. Cerraba rápidamente mi tapón para que no se fueran a escapar los recuerdos. Ese mismo día escuchamos una sevillana que atrapaba todo el misterio de este mundo. 
Al día siguiente, en Córdoba encerré 42 grados centígrados y el canto de los pájaros. Cada vez que me abre sale un silbidito, un silbidito de un pajarillo gitano, creo que ese día, me derretí un poco
Recuerdo que le leyó en voz alta un cuento al Guadalquivir, el Guadalquivir que se emocionaba con cuentos que iban algo así de historias de cafetines. Yo también me emocionaba y me emocionaba mucho, eran cuentos que iban algo así como de crisálidas. El Guadalquivir chocaba con sus aguas las paredes de esa escalerilla de piedra y me mojaba, yo me angustiaba y ella leía aún más duro.
El 4 de julio, en Sintra, encerré una guitarra. No comprendo ese instrumento, pero si no fuera un frasco que encierra viajes hubiera bailado, hubiera bailado esa guitarrosa canción con mis guitarrosos pies y mis guitarrosos pasos. Dentro de mí quedó encerrado ese 4 de julio, y si me miras fijamente verás al guitarrista y a mi dueña bailar canciones llenas de verãos. Ella extendía los brazos y daba giros muy rápido, tanto que me mareaba y creaba dentro de mí tsunamis de agua del Guadalquivir
[2]Por las ruas de Lisboa comíamos Pastelitos de belén con coca cola madura frente al puerto ese donde ellas saltaban sobre los bolardos. Ella, mi niña, cayó y yo con ella entre barquinos de papel, se raspó la rodilla y lo ojos se le enlagunaron con palabras en portugués, así que ella, su niña de pelo azul, le regaló una boina que olía a mar, una boina que llevaba todo el universo en su interior mientras ellas llevaban verãos nas orelhas.
Tanto calor hacía que se encerraron en las librerías viejas hasta llegar al Museo de Chiado. En verano, los museos son de lo mejor para el calor, son frescos. Ahí, ella, mi niña, le contó a su niña de pelo azul que su mamá de pequeña, en verano la llevaba a los museos para soportar el sofocante calor, se sentaban frente a un cuadro y lo veían calladas durante horas hasta que el sol bajara.
En Mérida, ella bebía leche achocolatada, y yo, en el bolsillo delantero y entre barcos de papel me asomaba para ver el anfiteatro. Él, su niño, empezó a recitar, decía ser romano. Y yo le creí. Ella reía y bebía de su chocolatosa botella aplausos sabor leche de verano. .
En Cáceres sonaba un grupo que tocaba música irlandesa, sonaba maravilloso. Ella me colocó como siempre en el suelo y me destapó, cada nota de esa flauta entró como una fuerte corriente de agua en mí. Sentía que me iba a caer en cualquier instante y se regarían todos los recuerdos de aquel verano.
En Salamanca, todo derecho se llegaba al Tormes y si prestabas mucha atención, entre la maleza escuchabas a un Lazarillo tararear, le tarareaba canciones a la Celestina que muy prudente y diligente le enviaba entre canastas los tarareos a Calixto y Melibea que, enamorados ponían candados en la fuente del Huerto, el huerto, por la catedral vieja al fondo a la derecha al lado de la posada azul, allá no muy lejos buscamos ranas. Ella mientras tanto, mezclaba mi agua del Guadalquivir con la del Tormes, con la de Vigo y con la del Tajo hasta hacer cantar al dragón sonriente que comía helado junto al astronauta, allá en una catedral nueva.
En Santiago ella echó su suerte y dormimos en un parque, ella no despertaba y yo veía a la gente pasar, el pasto de Santiago era suavecito, como una nube. Y allá, a lo lejos, las nubes tenían sed, porque si no la tuviesen, estarían regordetas, ellas, allá a lo lejos, acostadas en el cielo miraban hacia el pasto y le buscaban forma a los que estaban dormidos.
En Finisterre al mediodía, en la torre del Hércules ella atrapó dentro de mí un ventarrón que se le había quedado atascado en el hombro, un ventarrón frío y penetrante, el soplido de Zeus en el ombligo de su oreja, un soplido que aún se arremolina en mi interior, se arremolina a la luz que atraviesa los vitrales de León, de todos los colores, colores que coloreaban las sombras en el suelo.

En Burgos diluvió, ellas prendieron la música a todo volumen, abrieron mi tapón, me dejaron en el suelo y bailaron mojadas canciones en un Burgos empapado, la lluvia que limpia…[3]Tu cantabas triste por el camino Viejas melodías en guaraní.
En mi interior guardo personajes azules de Miró que bailan en museos frente a los ojos inquisidores de los vigilantes. Ella, mi dueña, dice que bailar en los museos es fascinante, que el suelo es exquisito y que sus pies ríen con las Composiciones de Kandinsky. En mi interior yo guardo todas las obras y también la guardo a ella, su niña de pelo azul, imitando a las esculturas.
En mi interior, no sólo guardo ríos, guardo mares, guardo playas, guardo arena caliente, arena frágil, arena fría, arena gruesa, piedras de colores de la Barceloneta luego de buscar un piano para que ella, su niña de pelo azul, librara sus manos que, sobre el teclado semejaban arañas, [4]Chopin encerrado en una tienda sobre Las Ramblas.
Guardo gotitas de tinto de verano, burbujas de jabón, conversaciones nocturnas, paseos, alguna lagrimita y yo no sé por qué, una gota de chocolate, guardo un panadero, guardo una canción de ABBA, guardo temperaturas altas y altas horas de la noche en barrios Góticos no tan lejos de los puertos, guardo corridas por estaciones de tren, estaciones de metro, calles amplias, calles estrechas, guardo sombras por la avenida, pasos perdidos entre tanta gente, y en el fondo de mi reminiscente alma escucho a Carlos III, con aire insigne  quitándose el sombrero muy lentamente bajando de su caballo con voz profunda y diciéndole a su lacayo: ahí está, la [5]Puerta de Alcalá.
Yo vi travestis perdidos, la juventud corriendo por las calles de España inmortalizándose dentro de mí, un eterno julio de 2013 con unos eternos 16 años de vida, todo dentro de una cajita de música que, sin lugar a dudas, guarda la más bella melodía condenada a revivir al giro de una simple manivela...Ella, mi niña, giraba la manivela y revivía [6]La vie en rose debajo de la cama, una vida rosa bastante catalana en un metro que olía por momentos a kebab igual que frente al Palacio Real donde por las noches sonaba la Orquesta Sinfónica, y ella, en su afán de guardar todos los recuerdos, me destapaba y al lado de la verja me hacía guardar la más bella melodía, ahora encerrada entre arena y guerras de agua.
Finalmente me envolvió en papel y con guaya me amarró. Yo llevo dentro todos los ríos de la Península, llevo olor a cigarrillo, olor a especias, olor a coca cola madura, a bacalao y a pastelitos de Belem, yo fui, soy y seré julio del 2013. Yo, en mi tarruda vida, a pesar que pasen los días, salto a través del tiempo y vuelvo al anterior verano, sólo hace falta mirarme un poco para que ella evoque ese mes.
Soy como una cámara fotográfica, las fotografías que atrapan el tiempo en instantes específicos y momentáneos para encerrarlos en trozos de papel de distintos tamaños. Yo, un frasco de vidrio atrapo el tiempo en instantes específicos y momentáneos, así, cada vez que ella me destapa repasa, como mirando un álbum de fotos, su viaje a través de olores, de lunas, de kebabs que sonaban igual que las Marimbas en el Parque Güell y Chupa Chups. A través de la brisa de mar y del sabor del bacalao y de los pastelitos de Belén, yo soy la arena que ella siente entre sus dedos en San Sebastián.
~Era una reminiscencia~

Cae el telón 





[1] Panadero, s.m: Duendes del polvo, cuya apariencia es similar a una motita blanca casi transparente de contextura felposa como los dientes de león.                                                              
[2] . Portuñol: Mezcla ingeniosa entre el español y el portugués cuando el hablante sabiendo hablar uno de estos dos idiomas, desconoce total o parcialmente el otro.
[3] Recuerdos de Ypacarai, se recomienda que se escuche la versión de Ainda dúo y que se beba agua fría mientras tanto.
[4] Ese día toco Tristesse de Chopin.
[5] Puerta de Alcalá- Ana Belén y Víctor Manuel.
[6] La vie en rose-Edith Piaf

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